En los últimos años ha cundido poderosamente en el mundo occidental la idea de que el jefe de Gobierno israelí, Ariel Sharon, había cumplido un tránsito esencial entre hombre de guerra y político de paz para acabar convirtiéndose en moderado centrista, estadista valeroso, visionario de fe. Tras su desaparición, política o morfológica, a causa de un derrame cerebral, urge dar una respuesta a ese acertijo.
Artículo de Revista Global 9
