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Las siguientes páginas vienen a ser, en cierto sentido, un conjunto de estrategias para que empresas y Estado dialoguen sobre la construcción de una economía menos agresiva y más creativa, digamos transformadora y colectiva. Los ejes del diálogo, desmenuzados, son: sostenibilidad medioambiental, innovación e interacción social.
¿Por qué la sostenibilidad medioambiental? Hombres y mujeres que estudian el comportamiento climático del planeta Tierra han pronosticado que para el 2057 este podría ser el escenario de la República Dominicana: el aumento del nivel del mar en seis metros inundará las playas y las ciudades costeras; en los cursos bajos de los ríos el agua será salada: el mar, sin encontrar barrera, también anegará estos cauces. Prevén, además, una reducción de entre un 10% y un 20% de las precipitaciones, lo que provocará sequías de mayor intensidad y frecuencia.
La situación no es única de la República Dominicana. Se trata de un problema global que ha llevado a repensar las prácticas empresariales e industriales, y ha sentado en los centros del diálogo planetario a todas las naciones del mundo. Estas acciones se enmarcan dentro de la denominada responsabilidad social corporativa, empresarial o ambiental.
En esta edición número 52 de la revista Global el catedrático José Luis Rojas, la activista ambiental Lía R. Reynoso Díaz y el especialista en campañas públicas John R. Gagain, Jr. analizan cómo las empresas empiezan a concientizarse sobre la importancia de aprender a convivir en armonía con el ambiente. También, las ventajas competitivas de realizar una «alianza verde» que cambie el paradigma agresivo que ha estado vigente en los sistemas de producción, puesto que está in crescendo la conciencia medioambiental entre quienes habitan el planeta.
No menos cierto es que el reto aún está pendiente. Se ha señalado que el cambio climático es el problema más difícil que el mundo haya intentado abordar colectivamente. Falta un acuerdo común que plasme la intención de revertir el futuro pronosticado a esta nave intergaláctica que llamamos Tierra.
En ese acuerdo común, la innovación tiene un papel esencial. En América Latina, Chile, Brasil y México respaldan la creación de nuevas empresas a través de políticas que impulsan, apoyan y protegen a quienes innovan. Estas realidades son expuestas por la editora de Latinoamérica del Economist Intelligence Unit, Anna Szterenfeld, quien, tras visitar la República Dominicana, aplaude las estrategias innovadoras del Grupo Punta Cana y de Café Barahona. Sin embargo, la periodista reitera que no hay innovación sin educación, retándonos a analizar el sistema educativo local con la pregunta de si estamos creando una ciudadanía innovadora en las aulas.
Gracias a Jannis Schulze podemos vernos en el espejo de la India. El comunicador audiovisual retrata a color los resultados de la innovación hindú de formar a borbotones creadores y creadoras de programas informáticos. La quinta metrópolis más poblada de la India, Bangalore, revela el espejismo, pues allí una clase media prospera a la sombra de los parques tecnológicos al tiempo que aumenta la desesperanza entre una población cada vez más pobre.
Entonces, no es menos cierto que hay que repensar nuestros medios de producción para alcanzar ese futuro de utopías que se anhela colectivamente.







