
Realizó estudios de Sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en la Universidad Libre de Berlín; es editor y urbanista.
En 1940 Erwin Walter Palm y su esposa Hilde fueron acogidos en la República Dominicana debido a los estragos del antisemitismo en Europa. Durante los doce años de su estancia aquí, desarrollaron una intensa labor de estudio y documentación de nuestro pasado arquitectónico y urbanístico colonial. En este ensayo se destaca el papel de Hilde Domin, quien se convirtió en poeta entre nosotros, homenajeándonos al asumir como seudónimo el «Domin» de Santo Domingo y de Dominicana.
La pregunta acerca de la dominicanidad trasciende lo insular dominicano. La incidencia de la migración criolla en New York, Madrid y hasta en algunas islas de las Antillas Menores o el impacto del merengue y la bachata en los escenarios internacionales conlleva el cuestionamiento sobre aquellos valores culturales que nos unen y proyectan en tanto comunidad.
La agenda de la dominicanidad siempre estará inconclusa. Más que buscar un sistema o un marco, precisamos un mapa o una ruta. Después de todo, cada imagen de lo nacional sólo será concebible en su movimiento y en su trayecto, nunca en el punto posible de su llegada. Lo dominicano siempre se estará moviendo.
¿Identidad o identificación? Comienza el siglo XXI y advertimos que la realidad desborda las conceptualizaciones sobre lo dominicano. Entre la interpretación y la realidad no hay fluidez. El tema de la dominicanidad es incesante. ¿Es también un trabajo de Sísifo? ¿Es posible necesario, establecer los límites de nuestra nacionalidad?